
No. Ni me he vuelto loca ni la moto que vendemos es la Venox.
Nuestra aventura motoril comenzó el septiembre pasado, cuando compramos una Rieju RS2 NKD de color azul. Hacernos con ella fue toda una aventura. La compramos en el mismo concesionario que la Venox, en Motos Basi.
La vimos allá por principios de agosto. La encargamos por impulso, otra vez. Mi marido -iba a ser el principal usuario de la moto- ni siquiera tenía la licencia para conducirla. La queríamos para hacer el rodaje en verano. Para que él ensayara sin demasiado tráfico... Pero a veces las cosas no salen como uno las tenía planeadas. Y la motó llegó a nuestras vidas un mes y medio más tarde (tras millones de llamadas, cabreos y demás con los del concesionario).
Aun así, llegó. Como todo, fue cuestión de tiempo. Y hemos disfrutado de ella como niños con la caja de un juguete nuevo. Ahora llega el momento de deshacernos de ella. Y con pena. Pero es que no podemos pagar un seguro a todo riesgo de coche, el de un ciclomotor y luego el de la moto nueva. Es demasiado.
La Rieju (yo la llamo la hormiguita azul) tiene 1.000 kilómetros. La semana pasada la llevamos al taller oficial para hacerle la revisión y ayer -por fin- pudimos ir a recogerla. Carburador nuevo, fuera todos los topes... ¡Ahora va como un tiro! Justo ahora. Si supiera que nos queremos deshacer de ella por 1.100 míseros euros nos dejaría tirados en la primera curva. Pero esta moto de 50 cc no es así. Nunca nos dejaría tirados. Aunque solo sea por lo bien que la hemos tratado: ni un rasguño tiene en la chapa, ni un solo día ha dormido a la intemperie, ni un solo acelerón de más...
Se vende moto. ¿La quieres? De momento... sin noticias del concesionario.
Nuestra aventura motoril comenzó el septiembre pasado, cuando compramos una Rieju RS2 NKD de color azul. Hacernos con ella fue toda una aventura. La compramos en el mismo concesionario que la Venox, en Motos Basi.
La vimos allá por principios de agosto. La encargamos por impulso, otra vez. Mi marido -iba a ser el principal usuario de la moto- ni siquiera tenía la licencia para conducirla. La queríamos para hacer el rodaje en verano. Para que él ensayara sin demasiado tráfico... Pero a veces las cosas no salen como uno las tenía planeadas. Y la motó llegó a nuestras vidas un mes y medio más tarde (tras millones de llamadas, cabreos y demás con los del concesionario).
Aun así, llegó. Como todo, fue cuestión de tiempo. Y hemos disfrutado de ella como niños con la caja de un juguete nuevo. Ahora llega el momento de deshacernos de ella. Y con pena. Pero es que no podemos pagar un seguro a todo riesgo de coche, el de un ciclomotor y luego el de la moto nueva. Es demasiado.
La Rieju (yo la llamo la hormiguita azul) tiene 1.000 kilómetros. La semana pasada la llevamos al taller oficial para hacerle la revisión y ayer -por fin- pudimos ir a recogerla. Carburador nuevo, fuera todos los topes... ¡Ahora va como un tiro! Justo ahora. Si supiera que nos queremos deshacer de ella por 1.100 míseros euros nos dejaría tirados en la primera curva. Pero esta moto de 50 cc no es así. Nunca nos dejaría tirados. Aunque solo sea por lo bien que la hemos tratado: ni un rasguño tiene en la chapa, ni un solo día ha dormido a la intemperie, ni un solo acelerón de más...
Se vende moto. ¿La quieres? De momento... sin noticias del concesionario.
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